Siempre algo nuevo por descubrir en Parque Tricao
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Hay lugares a los que siempre vale la pena volver.
No porque uno no los haya recorrido por completo, sino porque cambian constantemente. La naturaleza nunca permanece igual, aparecen nuevos proyectos, nuevas especies y nuevos rincones que invitan a mirar con otros ojos.
Eso es justamente lo que nos ocurre cada vez que visitamos Parque Tricao.
Desde hace varios años hemos tenido la oportunidad de desarrollar distintos productos inspirados en este increíble espacio de conservación, pero antes de sentarnos a diseñar siempre repetimos el mismo ritual: volver a recorrer el parque, caminar sin apuro y dejarnos sorprender nuevamente.
En esta oportunidad nuestro viaje tenía varias novedades por descubrir.
La primera parada fue el aviario, uno de los lugares más emblemáticos del parque. Esta vez nos esperaba una incorporación muy especial: los loros tricahues.
Esta especie, endémica de Chile, representa uno de los loros más llamativos del país por sus intensos colores y su personalidad. Muchos de los ejemplares que hoy habitan el aviario provienen de situaciones donde no es posible reinsertarlos en la naturaleza, por lo que encuentran aquí un espacio seguro para vivir y, al mismo tiempo, ayudar a educar sobre la importancia de conservar nuestra fauna nativa.
Verlos volando entre las grandes estructuras del aviario nos hizo pensar inmediatamente que merecían formar parte de una nueva ilustración.

Después continuamos nuestro recorrido por otra de las grandes sorpresas del parque: el Jardín Botánico.
El cactario y el invernadero son dos espacios completamente distintos al paisaje costero que rodea Tricao. La enorme diversidad de formas, colores y texturas convierte cada rincón en una fuente permanente de inspiración. Algunas plantas parecen esculturas; otras llaman la atención por los patrones de sus hojas o por la intensidad de sus flores.
Como Wudko, resulta imposible recorrer estos lugares sin comenzar a imaginar composiciones, paletas de color y futuros diseños.

La última parte del recorrido nos llevó nuevamente al Humedal Giverny.
Pensábamos que ya conocíamos bien este sendero, pero hoy hay un sector que fue descubierto hace apenas unos meses.
Lo llaman El Milagro.
Durante años, una densa muralla de zarzamoras había ocultado completamente este espacio. Tras un enorme trabajo de limpieza apareció un impresionante murallón natural por donde escurre agua que termina alimentando una pequeña laguna.
Lo más interesante no fue solamente descubrir este lugar, sino pensar que había permanecido escondido durante tanto tiempo. Es una buena muestra de cómo la naturaleza encuentra formas de persistir y recuperarse cuando se le da la oportunidad.

De regreso en nuestro taller comenzamos a transformar todas esas experiencias en ilustraciones.
El resultado fueron cuatro nuevos imanes con formato de estampilla: El Milagro, inspirado en este rincón recientemente descubierto, el Cactario, rescatando las formas únicas de las especies del jardín botánico, el Invernadero, lleno de vegetación, luz y color, el Aviario, en una nueva versión protagonizada por los loros tricahues volando entre la vegetación.
Estos nuevos diseños vienen a complementar la colección que ya habíamos desarrollado anteriormente para Parque Tricao, compuesta por el primer diseño del Aviario, centrado en sus aves exóticas, y el imán del Humedal Giverny.
Nos gusta pensar que esta colección crecerá junto con el propio parque.
Porque esa es una de las cosas que más admiramos de Tricao: siempre está evolucionando. Siempre hay un nuevo sendero por recorrer, una nueva historia que conocer o un detalle que había pasado desapercibido en la visita anterior.
Y mientras el parque siga cambiando, nosotros seguiremos encontrando nuevas formas de transformarlo en diseños que permitan llevarse un pequeño recuerdo de este lugar tan especial.
